Escuela, escuela…

La escuela es vida. La vida es escuela.

Negro humo.

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Coleman Silk, interpretado en el cine por Anthony Hopkins

La fascinación que proporcionan las buenas historias, las historias realmente bien contadas, tiene mucho que ver, seguramente entre otras cosas,  con el arte en utilizar el lenguaje simbólico. Eso lo sabemos especialmente bien los maestros, ya que recurrimos a él constantemente para poder explicar, en la medida que podemos, la vida y sus circunstancias. ¿Cómo podríamos si no acercar la complejidad de todo a mentes tan activas y poderosas como las de los niños? Poderosas, aunque tan frágiles aún.

El humo negro. Quizá las dos presencias más notables en estos últimos años de este símbolo (de las yo tengo constancia) son el humo negro de la serie de televisión Lost y el humo negro que,  en la excelente novela “La mancha humana”, desencadena el cambio radical en la vida del decano Coleman Silk. Phil Roth construye un relato apasionante, entrelazando con el uso magnífico de tres líneas temporales las vidas de media docena de personajes más uno, el propio Coleman. Lo hace del modo más ejemplar, ya que durante la lectura uno quisiera saber mucho más de cada uno de ellos. Conocerlos personalmente incluso, si ello fuera posible. Es el caso del protagonista, un hombre que decide construir toda una vida adulta llena de éxito personal en todos sus ámbitos, pero para lo que precisó, según la decisión más dura que valoró tomar, partir de una gran mentira. Superará situaciones muy difíciles,  porque es decidido, valiente, esforzado e inteligente; aunque “fracasará” por un detalle insignificante que, en cualquier otra circunstancia jamás supondría problema para nadie. Para nadie menos para él… Por calificar de “negro humo” a dos alumnos que no asisten a las clases. En realidad será el humo negro de la injusticia, la ansiedad, la incompetencia, la venganza y la envidia el que amenazará con asfixiarlo…

No nos equivoquemos. Todos estamos expuestos, como Coleman, a este símbolo del humo negro. Es más, todos lo producimos en alguna medida. A lo largo de nuestra vida recibimos y producimos influencias. Actuamos, observamos, planificamos, rectificamos… Somos como un gran proceso transformador que elabora productos (conductas y pensamientos) a partir de materias propias que poseemos (capacidades y sentimientos) y otras que nos son dadas (modelos, experiencias). El problema es que en toda transformación aparecen residuos… Producimos humo negro. Tóxico. Todos vivimos y, a veces provocamos, situaciones tóxicas. La cuestión es si somos conscientes de ello. Y, en ese supuesto,  si procuramos reducir la contaminación: la que generamos y la que nos generan a nuestro alrededor. Tal parece que en nuestra “empresa” deberíamos disponer de un cuarto especial; una especie de sala de fumadores, para confinar allí al humo. Si así fuera tengo para mí que algunas de esas salas estarían llenas a rebosar. De esas, las que carecieran de salida de escape corresponderían a las personas cuya ansiedad las sitúa en el límite de su resistencia. En otras, con poco humo, existen excelentes sistemas de vaciado y purificación, ya que son de quienes saben gestionar sus espectativas, sus capacidades y sus tiempos. Incluso hay de entre éstas algunas que comparten sus extractores para facilitar la limpieza de las primeras, con el riesgo evidente de perjudicar las propias… Si a lo largo de tu existencia te encuentras con personas que por su naturaleza, o por lo que han aprendido de la vida, pertenecen a esta clase, alégrate y comparte con ellas. A veces sucede. Y es la mejor de las maneras de expulsar el negro humo. Juntos.

(Va a ser cierto que en la escuela nos encanta poner modelos y símbolos para explicarnos…)

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Autor: javramiro

Tutor en tercer ciclo de Primaria. Convencido de la necesidad de cambiar la metodología en la escuela... y mantener nuestra ilusión de maestros-as. Y sabedor de que todo lo que acontece en la escuela es vida, a la vez de que la vida es, como dicen los antiguos, la mejor escuela... En el blog escribo sobre la escuela y sobre la vida. ¿Acaso son cosas distintas?

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