Escuela, escuela…

La escuela es vida. La vida es escuela.

Evitar el dolor.

Deja un comentario

simple

Hay personas que renuncian a una parte de sí mismas con tal de vivir el día a día sin demasiada zozobra. Hay personas que hace tiempo han dejado de pensar profundamente en quiénes son; o en quiénes eran… A fin de cuentas, podríamos pensar que la vida es corta y no merece la pena gastarla en reflexiones y en sufrimiento; las primeras sólo te brindan objetivos y el sufrimiento surgirá si después de todo no logras conseguirlos.

Así las cosas, vivamos en la rueda que nos mueve cada día, sin mayores sobresaltos, evitando el dolor. Que ya el dinero, o su falta, la posición social y otros asuntos serán suficientes causas de preocupación. Veamos la tele, vayamos de compras, disfrutemos con la consola… ¿Qué más hace falta? La vida es así de sencilla, ¿para qué complicarla?

¿Para qué complicarla? Pues para que nuestra vida no sea, de puro sencilla, simple.

Y una vida es simple si en ella falta la cultura. Todo lo que somos como seres humanos se fundamenta en la cultura, entendida como relación con las otras personas que no han renunciado a complicar la suya, las personas que crean. Podremos hacerlo acudiendo a conciertos, al teatro, a la literatura, al cine, al deporte… Sin cultura nos faltaría cuidar precisamente la verdadera naturaleza de uno mismo: los sentimientos profundos que a veces no sabes expresar; los anhelos; los sueños; las inquietudes que, de primeras, no sabes a qué te mueven porque no les dedicas unos minutos de pensamiento; las ideas que te surgen y no comprendes, pero que de repente ves escritas en una novela y te preguntas cómo es posible que otras personas sientan lo mismo que tú…

Favorecer esa relación y la propia creación artística -de cualquier tipo- complica, pero enriquece. Proyecta a la persona, la eleva, le proporciona potencia, energía, vida con mayúsculas. Lo peor es que quizá nuestro trabajo en la escuela no favorece esta manera de pensar. Más bien al contrario. En la escuela dejamos poco espacio para lo verdaderamente creativo, que suele ser divergente (muy interesante el símil que propone Veronica Roth en su trilogía, luego adaptada al cine). Es un comentario muy recurrente el de que los niños van siendo menos creativos a medida que avanzan en la enseñanza primaria; se adaptan a un sistema que sigue funcionando de modo hermético, encasillando personalidades, repartiendo instrucción embotellada en asignaturas, clasificando por capacidades, preguntando las respuestas correctas en vez de incentivar los procesos para realizar preguntas inteligentes, enseñando a aprobar exámenes, y no a integrar conocimientos, evaluando numéricamente… Facilita que, cuando sean adultos, esos niños opten por la vida simple, pequeña, sin sobresaltos, pero sin audacia. Facilita un mundo pasivo.

Es doloroso comprobar que la escuela no es un elemento liberador, sino que forma parte, y una parte esencial, del sistema cerrado, simple y perverso en el que vivimos. Cerrado porque no permite salirse del marco que supuestamente hemos aceptado, y en el que no cabe el menor atisbo de revolución (y eso que en esta sociedad sorprendente tenemos una herramienta revolucionaria ligera y fácil de usar: derecho a depositar un papelito en una urna, el cual amablemente declinamos para seguir con la consola, las compras o la tele). Simple porque el camino a recorrer está ya diseñado y sólo has de seguirlo: escuela, formación para el trabajo, trabajo, vida en familia, vejez pasiva; eso sí, todo siguiendo las normas correspondientes a cada fase. Perverso porque nos hace creer que es un sistema justo, cuando, a la luz de los acontecimientos sociales y políticos de los últimos años, se ha hecho evidente que funciona a través de un engaño en el que seguimos metidos y del que formamos parte esencial.

Con una vida simple aprendemos a renunciar o a apartar todo aquello que nos puede causar algo de inestabilidad, lo que nos hace o puede hacer salir de la pauta normal, lo que pudiera ser considerado por la generalidad de la gente como raro o extravagante. Evitamos el dolor. E, incluso, la mera posibilidad de dolor.

Y, sin embargo, el dolor no ha de ser necesariamente perjudicial. El dolor físico es una estrategia del cuerpo para darnos a entender que algo nos hace daño. Es una señal para actuar.  Así que atemos cabos…

Caer en la cuenta de algunas de estas circunstancias que nos acontecen como sociedad es ya doloroso en sí mismo (siempre que estés de acuerdo conmigo, claro). Y, en ese caso, puede que sea una señal para actuar; puede que nos indique que algo no va bien. Yo creo, además, que es un dolor identificado: es el dolor de la lucidez del que habla Lorenzo F. Aristarain  en su novela El renacimiento. Su personaje, el profesor Fernando Bravo, recomienda a los futuros maestros enseñar a los niños esto mismo, a descubrir el dolor de la lucidez, es decir, a conquistar la lucidez aunque ello resulte doloroso porque esa será la manera en que sus vidas puedan cobrar potencia, energía, sentido…

Qué postura más a contracorriente, ¿verdad? Pero qué hermoso pensar que nuestra misión habría de ser estimular, y no ajustar. Favorecer y promover que los niños desarrollen sus propias ideas, ayudarles a probar opciones, aunque nos parezcan disparatadas de inicio, invitarles a preguntar, moverles a explorar, trastear, imaginar… Compartir… Como hacen quienes nos recomiendan las lecturas, la música o el cine que les ha hecho vivir más plenamente, y, con ello, nos alivian tanto.

Ése ha de ser el camino para comprender, al final. O, al menos, para no ser una marioneta más. Para llegar a la lucidez. Si viene con dolor o no, será lo de menos; en el primer caso motivará nuevas búsquedas, en el segundo -improbable- llegaría la plenitud.

El gran Federico Luppi, en el papel de Fernando Bravo

(Lugares comunes, película de A. Aristarain, adaptación de la novela El renacimiento)

 

Anuncios

Autor: javramiro

Tutor en tercer ciclo de Primaria. Convencido de la necesidad de cambiar la metodología en la escuela... y mantener nuestra ilusión de maestros-as. Y sabedor de que todo lo que acontece en la escuela es vida, a la vez de que la vida es, como dicen los antiguos, la mejor escuela... En el blog escribo sobre la escuela y sobre la vida. ¿Acaso son cosas distintas?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s