Escuela, escuela…

La escuela es vida. La vida es escuela.

Caminar bajo pena

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2016-10-22-18-32-17

La colilla no debería estar allí. No era su sitio. Alguien tuvo que arrojarla con rabia y con prisa, pues aún humeaba; alguien que ni siquiera la había pisado, restregándola, como se hace con las colillas.

En el sendero marcado con rojo no se fuma. Todo el mundo lo sabe. Los caminantes, obligados a realizar el mismo rutinario paseo cada día, a la misma hora y con el mismo atuendo, se limitan a pasear obligados los cinco kilómetros, normalmente en silencio y con cara consternada. No hay lugar para la charla, ni para el saludo. A veces un ligero movimiento ascendente del mentón, como mucho. Una cosa es hacer lo que te mandan y otra, muy distinta, mostrar que lo haces de buen grado. Al enemigo, ni agua.

Seguramente era bueno para el cuerpo aquel ejercicio, por muy rutinario y obligatorio que fuera. Así lo dictaban los servicios médicos. Incluso, aunque los hoscos caminantes no lo concederían abiertamente en una conversación, quizá son levemente conscientes de que se trata de una actividad que les permite tiempo para oxigenar sus ideas, para salir de algún modo del par de temas de siempre… para pensar más allá del día a día.

Sus caras no dan nunca a entender eso, sin embargo. Enfundados en su vestimenta habitual, pantalón recto, camisa de franela y calzado ligero,  pero nada adecuado para la marcha, se aplican al paseo solitario con aparente gana de terminar cuanto antes, cruzando serios gestos en los pocos casos en los que las miradas se tropiezan, ya que, antes de que pueda ocurrir tal cosa, uno siempre baja la mirada al suelo o la desvía hacia el horizonte como en una repentina vuelta hacia lo que tiene que ser, hacia el deber propio que se está cumpliendo…

Siempre hay alguno, no obstante, que pudiera parecer que obtiene más de esta caminata. Que, aunque al principio lo asumió como obligación al igual que todos, ahora es capaz de relajarse un poco y aprovechar su hora de la mejor manera posible. Son los que, seguramente con la ayuda familiar, van consiguiendo un atuendo más adecuado para este momento del día. Se los puede ver con camiseta y pantalón de algodón e, incluso, con zapatillas deportivas. Sus caras se muestran algo más relajadas y son los que en ocasiones incluso saludan al cruzarse con otros.

Es más que probable que el fumador perteneciera al primer grupo, al más numeroso. Al de los que aún no han asumido del todo su situación, y por ello no son plenamente conscientes de por qué deben caminar cinco kilómetros una hora cada día. Por eso, seguramente, tiró la colilla antes de que pudieran verle. Y no pudo apagarla como hacía antes. En una vida anterior…

Cada caminante usa poco tiempo el sendero marcado de rojo; pero lo hace cargado de pensamientos, de recuerdos, de ideas, de planes de futuro. Por eso es la vida misma la que se puede apreciar cuando lo observas.

Definitivamente, es la mejor y más rentable inversión que se ha hecho con el presupuesto del municipio: la senda peatonal.

La “senda del colesterol” la llaman…

 

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Autor: javramiro

Tutor en tercer ciclo de Primaria. Convencido de la necesidad de cambiar la metodología en la escuela... y mantener nuestra ilusión de maestros-as. Y sabedor de que todo lo que acontece en la escuela es vida, a la vez de que la vida es, como dicen los antiguos, la mejor escuela... En el blog escribo sobre la escuela y sobre la vida. ¿Acaso son cosas distintas?

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