Escuela, escuela…

La escuela es vida. La vida es escuela.

A mitad del camino.

Deja un comentario

camino

A simple vista parecía un grupo más esperando para cenar. Probablemente en la terracita del bar, cerca de la playa y con música muy cool de fondo.

Era sorprendente, en cualquier caso, observar la diferencia de edad en el seno del grupo. Había parejas de bastante edad, un grupo numeroso de treintañeros e, incluso, varios niños y algún adolescente. Se veía con claridad que prácticamente todos se conocían, en mayor o menor medida. Aunque los corrillos no intercambiaban mucho sus miembros, sí que se saludaban y mantenían breves conversaciones unos con otros. En especial una risueña chica de treintaitantos que parecía el alma de la fiesta. Era raro verla en un mismo lugar mucho rato seguido, pues llevaba su conversación y su risa por todos los rincones, alegrando sinceramente con su desparpajo a cualquier grupo con el que compartiera unos momentos.

El ambiente era tranquilo, pero espectante. Parecía el preludio de un acto, de una celebración; el trajín de los niños y el trasiego de algún camarero era lo único que daba algo más de ritmo a aquella convivencia.

Todo cambió con la llegada de una pareja, a la que, sin duda, todos esperaban. El acto se alteró definitivamente, desbordando las emociones que, hasta entonces, habían estado más contenidas de lo que parecía a simple vista… Niños, jóvenes y adultos dejaron salir gritos de alegría y expresiones de felicitación, desmedidas para cualquiera ajeno a tanta dicha. En realidad, incluso el destinatario de las mismas, el hombre recién llegado, parecía totalmente fuera de lugar, sobrepasado por tanta efusión… No así su acompañante, su compañera. La sonrisa cómplice que mostraba feliz denotaba que no sólo no estaba sorprendida, sino que era una de las responsables de lo que allí ocurría…

Él, que experimentaba ya lo que algunos llaman la crisis de los cuarenta, se sentía más cómodo dando sorpresas que recibiéndolas. Y, desde luego, una vez más lo comprobaba; allí estaba de nuevo la incomodidad de aparentar lo que no sentía… ¡Cómo lo odiaba! Pero ¡cómo lo necesitaba, al mismo tiempo…!

Un observador atento podía percibir claramente que le estaba costando mantenerse afable ante tanto despliegue de afecto. Sin embargo, no parecía que los presentes tuviesen esa percepción, más bien se les notaba esa actitud tierna y condescendiente que a veces se manifiesta ante la incomodidad que sufren los otros. Y era así porque él actuaba muy bien, por lo demás; no le bastaba con mostrar conformidad, para él era necesario llegar a ser encantador. En nada era tan experto como en quedar bien ante los demás.

Y así era su vida desde pequeño. No usaba su natural empatía para ponerse en el lugar del otro y experimentar otros puntos de vista, sino que era su principal herramienta para saber en cada momento qué decir y qué hacer con el fin de lucir su personalidad y su saber estar ante el resto de la gente. Era un auténtico genio en esa lid. Porque necesitaba, más que ninguna otra cosa, la aprobación.

Hasta que la vida se le fue enriqueciendo.

Cuando llegó el momento de independizarse, de establecer una relación continuada, de formar una familia… sus decisiones no fueron totalmente libres. Siguió jugando al juego que mejor practicaba. Decidió en función de otros… Y empezó su zozobra personal. Hacía meses que se planteaba si habría elegido lo mejor para tener esa vida que había soñado hace tiempo. Se preguntaba por qué no sonreía ya tanto como antes, o por qué había momentos en los que estaba tan hastiado que no le apetecía hacer nada… ¿Dónde estaba aquella energía que recordaba haber tenido?

Hace meses, cuando conoció a la chica risueña, empezó a ser consciente de que algo no iba tan bien como suponía. Comparó. Se dio perfecta cuenta de que su vida podía ser otra bien distinta a la tal vez rutinaria que vivía desde los veintitantos. Y se sintió muy incómodo. Sintió una pesadez en el cuerpo y un desasosiego que le preocuparon verdaderamente por primera vez en su vida. Se planteó si todavía podría cambiar el rumbo… pero se asustó aún más. ¿Cómo dar al traste con todos los años pasados junto a su pareja y a toda la gente que él mismo había elegido? ¿Cómo plantearse perder toda la imagen personal que con tanto empeño pudo forjar? ¿Cómo decepcionar a tantos?

En realidad, ¿llegó a planteárselo de veras? Ni siquiera él lo sabía. Un temor latente, primero al cambio, y luego al posible fracaso en su nueva etapa le hizo pasar como de puntillas por esa etapa de duda. Así que esa incipiente posibilidad fue rápidamente rechazada. ¿Y si después del enorme esfuerzo que le iba a costar emprender un proyecto nuevo, el resultado era peor? ¿Para qué empeñarse en probar algo en lo que no iba a tener la certeza de lograr mayor éxito? ¿No sería simplemente un capricho? Sí, se lo pasaba genial con aquella chica. Soñaba, disfrutaba cada conversación y cada juego, pero eso no garantizaba que algún día no acabasen de mala manera… Además, al fin y al cabo, su vida actual era bastante buena; muchos, a su alrededor, lo percibían así. No todos, porque algunos amigos y él mismo conocían la realidad. Una realidad que, a veces conscientemente, y otras de manera inconsciente, evitaba albergar por mucho tiempo en sus pensamientos. De ese modo, ni siquiera necesitaba contar muchas intimidades, lo que lo había vuelto más reservado que nunca.

Y ahora, justo en medio de esa vorágine de sentimientos, culpas, dudas y desasosiegos, ¡aquella maldita fiesta sorpresa! ¿A quién se le ocurría montar un espectáculo así para celebrar su 40 cumpleaños? ¿No bastaba con sentirse tan mal que encima tenía que soportar una vez más la teatralización de su saber estar? ¡Estaba a mitad de camino en su vida! ¿No se daban cuenta de que era momento de pararse a reflexionar…?

Claro que no. Su vida era perfecta, era el momento de celebrar…  ¿Quién de su entorno iba ni siquiera a imaginar que estaba en una crisis de verdad, y no como la que se caricaturiza con eso de “la crisis de los cuarenta”? De hecho, la fiesta iba a mejor… Él se deshacía por pasar un rato con cada grupo, a veces con alguna pareja, a veces con todo el grupo a la vez (como cuando dio su pequeño y chispeante discurso). Hubiera deseado pasar más tiempo con todos, demostrando que estaba en plena forma, conversando sin fin, sonriendo y compartiendo opiniones acerca de cualquier tema…

Hubiera querido, por encima de todo, conversar con la chica más interesante del grupo. Pero eso, simplemente, no podía ser… Estaba seguro que un buen rato de conversación solo con ella le habría transportado a lugares infinitamente más placenteros; se hubiera sentido justo lo contrario de como se sentía durante toda la noche: auténtico. Pero no se lo podía permitir. Solamente hubo un fugaz momento en el que ella, como había hecho durante toda la fiesta entre corrillo y corrillo, se acercó a solas y cruzó una encantadora sonrisa y unas pocas palabras con él. Pocas palabras para lo que hubiera deseado. Muchas para lo que vino después.

Lo cierto es que desde entonces no hace más que oirlas de nuevo cada vez que, a la noche, cierra los ojos para intentar conciliar el sueño. “¡Menuda fiesta más chula te han montado! Tienes que estar superfeliz… ¿No?”

¿Hay algo peor que ser un cobarde? Quizá serlo a mitad del camino, cuando aún se podría poner ruta hacia un destino deseado.

 

 

 

Anuncios

Autor: javramiro

Tutor en tercer ciclo de Primaria. Convencido de la necesidad de cambiar la metodología en la escuela... y mantener nuestra ilusión de maestros-as. Y sabedor de que todo lo que acontece en la escuela es vida, a la vez de que la vida es, como dicen los antiguos, la mejor escuela... En el blog escribo sobre la escuela y sobre la vida. ¿Acaso son cosas distintas?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s