Escuela, escuela…

La escuela es vida. La vida es escuela.

Honestidad: es tu hora.

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meryl

Hace escasos días, con motivo de la entrega del premio Cecil B. DeMille en la gala de los Globos de Oro, la justamente valorada actriz Meryl Streep expresó valientemente su opinión acerca de algunos hechos notables.

Ante una ingente audiencia, que incluía contacto directo con sus compañeros de profesión, pero también una multitud de seguidores y detractores a través de los distintos medios de comunicación presentes, dio rienda suelta a poderosas ideas que deberían conmovernos, si aún poseemos la capacidad para ello. Habló en defensa de la tolerancia, el respeto y la cultura, entre otras cosas… Me gustaría pensar que ha llegado el momento de plantar cara a la degradación social y humana que nos acecha.

Sabemos bien que la pobre situación moral en la que nuestras sociedades llevan inmersas estos últimos años (no sabría cuantificarlos, pero ya son muchos) parece hacerse ahora visible a los estadounidenses. Es injusto decirlo así como un comentario hacia la totalidad, pues podemos suponer que no es un sentimiento nuevo para grupos de personas que ya viven concienciados desde hace tiempo, pero parece claro que hay muchos más que sólo comienzan a ser conscientes de ello en esta época de resultados electorales sorprendentes.

El presidente electo Trump es y será merecedor de muchas críticas desde ahora en adelante. Se las ganará a pulso, pues su capacidad para expresar opiniones carentes de argumento social válido y su histrionismo constituirán suficiente razón para enojar a la ciudadanía. La cuestión es cuántas personas alzarán la voz para compartir su indignación con los demás. Porque para ello hará falta honestidad. Y valor.

La honestidad es la prueba del nueve de tus principios. Si tu vida se rige por los valores que asumes, serás honesto; en caso contrario, de nada te sirve tener principios, pues permanecerán inútiles mientras te escondes, callas o disimulas.

Meryl Streep es honesta. Cree en valores humanos como la igualdad, la profesionalidad, el respeto hacia el otro; y lo manifiesta, criticando actitudes contrarias a ellos. Aunque éstas provengan nada más y nada menos que de quien “solicitaba ocupar el lugar más respetable del país”. El entonces candidato Trump imitó burdamente el modo de expresarse de un reportero discapacitado con el fin de hacer reír a su público; y lo consiguió. Aunque consiguió algo mucho más perverso, como sabia y elegantemente nos hizo ver la actriz; logró dar permiso a todo aquél que quisiera reírse de otro por su diferente capacidad, su distinto modo de enfocar la vida o cualquier otro aspecto susceptible de convertirle en una persona con sentimientos o pensamientos diferentes a los supuestamentes “aceptables”. Extendió carta blanca.

Principios, honestidad y valor son, probablemente, los sustentos de un comportamiento cívico cada vez más necesario. Ni qué decir tiene lo importante que es asumir este compromiso en la escuela, desde los ejemplos más nimios y cotidianos. Si de algo estoy seguro es de que los niños aprenden de lo que hacemos, y no de lo que decimos… así que hagamos que nuestra honestidad vaya por delante. Defendamos nuestros principios (y que éstos sean positivos, claro). Pongamos por caso el de la sinceridad: ¿cómo reaccionas ante un “profe, te has equivocado…”? ¿Te escudas en alguna maniobra de disimulo o lo asumes con tranquilidad y reparas el error? Sé que es un pequeño ejemplo con poca repercusión. O no. Pero, entendiendo el razonamiento, no nos quedemos ahora en estos casos cotidianos y aparentemente pequeños; vayamos más lejos…

¿No es hora de que alcemos la voz ante situaciones injustas que nos rodean? ¿No es hora de que asomemos nuestra cabeza fuera del currículo y acompañemos a nuestros niños y niñas a mirar el mundo con ojos honestos, alma despierta y cuerpo dispuesto a la acción? Por cierto que sí. Hay mucho hacia lo que mirar: exceso de sensacionalismo y escasez de reflexión, exceso de deporte-espectáculo y escasez de deporte-superación, exceso de grandilocuencia y escasez de argumentos, exceso de discusión y escasez de debate, exceso de parafernalias y escasez de cultura…

Al igual que las personas que admiramos nos conmueven y motivan nuestra propia acción, debemos ser nosotros quienes provoquemos la de nuestros escolares. ¿Qué otra misión hemos de tener como maestros si no es ésta? Seamos honestos.

Aunque no sea fácil. Porque para ello hemos de tener claro cuáles son los valores que sostienen nuestra identidad como persona. Además, cuando debamos priorizar alguno de ellos frente a otro, nos encontraremos ante dilemas morales incómodos. ¿Qué hacer, entonces? Seguramente apoyarnos en otra persona. Honesta, a poder ser… Meryl lo ha hecho y ya ha recibido apoyo de numerosos compañeros de profesión. Su valentía y honestidad ha merecido la pena; por ellos y por nosotros mismos.

Al fin y al cabo la vida requiere valor. Si la queremos plena…

 

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Autor: javramiro

Tutor en tercer ciclo de Primaria. Convencido de la necesidad de cambiar la metodología en la escuela... y mantener nuestra ilusión de maestros-as. Y sabedor de que todo lo que acontece en la escuela es vida, a la vez de que la vida es, como dicen los antiguos, la mejor escuela... En el blog escribo sobre la escuela y sobre la vida. ¿Acaso son cosas distintas?

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